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lunes, 12 de octubre de 2015

Cuerpo de agua: Lo sensorial en la fotografía y la poesía


Nunca te olvides
del gusto solitario
del rocío.

Matsuo Basho


Fotos: Laura Rivera





Cuerpo de agua

Verdes partículas incandescentes
verde  rumor de ranas
el agua canta sutil, serena
se balancea, cuna verde donde duermen
 nenúfares y camalotes
los lirios se arquean  hacia el agua.
Miríadas de  insectos espesan el aire
vaporoso de estelas verdes
ligeras libélulas
levantan remolinos a contraluz
fiesta  discreta
rumor de danza
húmedos  los helechos
acarician los pies
algunos tréboles finísimos
se enredan en los dedos.
El musgo de los bordes del estanque
retiene la huella verde
despierta el agua por un instante
y se aquieta
abriga de calma
los movimientos de pies y brazos.
Bajo la superficie
los oídos participan del ensueño,
en la pesadez del agua tibia
todo se vuelve lejano, incierto
el tiempo se detiene
la sedosa viscosidad del agua,
de la luz refractada
fragmentada
como un recuerdo
que anida en todo
y que ocupa
el cuerpo verde de luz, ingrávido
y lo devuelve en su abrazo
al vientre del agua



Beatriz Fiotto




jueves, 16 de julio de 2015

El hombre que viaja en colectivo



Una aproximación a la fotografía como experiencia física


 "El arte es eso mismo 
que permite escapar 
de lo real"
Ch. Baudelaire






Michael Wolf -  Paris Tree Shadows

Michael Wolf - Paris Tree Shadows

Michael Wolf - Paris Tree Shadows

Michael Wolf  - Paris Tree Shadows


           Estoy leyendo "El Acto Fotográfico" y recuerdo esta anécdota que sucedió hace varios años pero que sólo se hizo presente con esta lectura: 

            El hombre viaja en colectivo. En el recorrido toma fotos.  Acerca la cámara a la ventanilla y va apretando  aleatoriamente el disparador.
           El hombre, más tarde, nos muestra sus paisajes monótonos, grises, serenos  y relata que un sábado nublado,  yendo a visitar a su madre, durante el viaje realiza fotos sin mirar por la cámara. Azarosas.

           Un gesto que prescinde de la mirada, del encuadre, de la composición. Un gesto físico: un índice capturando un aquí y ahora cualquiera, como cualquier otro. Lleno de significación  quizás por el relato del viaje, por ese viaje al origen, al pasado; duplicando la metáfora que es la fotografía.  Ese "esto ha sido" con que  Barthes la define.

             Señalar, indicar, mostrar un indicio, índice. Pero en este caso en un señalamiento por el gesto mismo, la imagen es anecdótica. Su relato de cómo fue realizada la carga de sentido. La imagen es interpretada.  Es huella de un real, de un referente y es quizás en este caso, el gesto de escapar de ese real, de desplazarlo.

             La fotografía se vuelve acto físico, corporal, indicación, señalamiento, huella.  La relación es con el objeto, ni siquiera interviene la vista (no ver), y la relación es de contacto. Tocar, apretar, repetir.  El sonido más o menos fuerte del instante de  la toma. Es lo que la foto, en su vertiginosa evolución conserva: el dedo índice disparando, oprimiendo, indicando la toma.

           Desde ese momento donde el fotógrafo se inclinaba, cubierto por una tela negra y con un brazo extendido sostenía un flash y disparaba la foto generada como un acto social, como un hecho ritual; el fotógrafo conserva el disparo. Luego fueron las cajas de doble objetivo que requerían un trabajo meticuloso, de imagen invertida  en el eje vertical, donde el cuerpo, como un caracol sobre la cámara, disparaba también con el índice. Luego la cámara subió hasta el ojo, el fotógrafo se irguió y su índice derecho siguió disparando desde allí. Ahora las cámaras digitales con sus pantallas volvieron a alejar la cámara del ojo, los brazos bajaron un poco, pero el índice sigue allí. Hasta los novedosos palos para selfies donde el fotógrafo  es a  la vez el que realiza la fotografía y el motivo, el objeto de la misma. Donde la cámara se aleja de ese cuerpo que modela, que posa, que se muestra, y lo mira. Donde la postura del fotógrafo está en función de su propia imagen y no de la cámara (inversión de lugares) allí también hay un botón que el índice dispara.

           La foto remota, la foto con tiempo, también fueron disparadas. Desde otro dispositivo o unos segundos antes pero siempre, invariablemente el dedo estuvo allí, señalando, cortando, deteniendo.  Inmortalizando o matando.

          El ejercicio fotográfico puede prescindir aún de la mirada. Pero por su naturaleza física, el corte no puede prescindir de ese índice.

              Dice Philippe Dubois en "El acto fotográfico":

            Inútil  insistir sobre la dimensión psicoanalítica, aquí explícita, que enlaza la noción de índex, en sus dos sentidos, con la del deseo: órgano, deslizamiento, disparador, voluptuosidad, etcétera.  Algo del mismo trabaja también en la relación amorosa, el cuerpo a cuerpo, que Denis Roche mantiene con su aparato y con el gesto también llamado de la "Toma":

"En el horror del momento ineluctable en que el índex curvado y rígido va a apoyarse sobre el disparador (...) en la brutalidad del golpe del pulgar que hace progresar la película muesca tras muesca, cosa que siente bien la falange (...) encadenando desesperadamente foto tras foto, como en esta carrera siempre retenida que hace que apenas se ha gozado haciendo el amor, no se piense en otra cosa que en volver a hacerlo, ya tendido hacia el nuevo momento en que la carga, la plena carga esté en juego una vez más...
              Por tanto, en su génesis, el índex fotográfico muestra con el dedo. Se puede considerar que el índex no es otra cosa que esta potencia indicativa como tal, pura fuerza designadora "vacía" de todo contenido.





  Beatriz Fiotto 

lunes, 25 de mayo de 2015

Dos poemas: textura y espejo en la escritura




RECONOCER frente al espejo:
ida y vuelta de la palabra
RECONOCER espejada 
BF


Foto: Laura Rivera


Cuerpo Sin memoria


Memoria sin palabras,
sin nombre
sin instancia posterior
a la vivencia, experiencia
que pueda retenerla.
Es el instante sin huella
arena húmeda de
otras huellas

No hay evocación
no hay yo,
ni palabra alguna
luego se llamará
Calor, Latido,
Abrazo,
Envuelto, Suspendido.

Pero nada de esto
de estas palabras
 podrá llegar  hasta ese instante inicial.
No podrá aprehenderse desde acá.
Se  va de las manos
como  aliento

No hay palabra que  permita
trasladar, recordar
revivir la huella
instalarse ahí
en esa piel
Por eso
se la inventa:
 se inventa un útero
y un nacimiento.
No se lo tiene,
no se puede re-tenerlo,
retenerse
despertar
pronunciarse.

Beatriz Fiotto




Foto: Laura Rivera 




REALES

¿Quién escucha mi silencio
 si nací ayer y soy mi cría?

Llevo la memoria escrita 
en un idioma arcaico,
casi gestual, sensorial.
Trozos de cuerpo y mundo 
donde la palabra rozó 
sin poder decir.

Quise nacer de nuevo, 
en otro idioma.



Victoria Fabre




  María Beatríz Fiotto Parada, nacida en 1972 en España, es Profesora en  Ciencias Económicas y fotógrafa. Participó en muestras en el país y en España. Obtuvo menciones en el concurso San Cristóbal.  Estudia Letras en Rosario. Participó con su  ponencia en la Feria Rosarina del Libro. Expositora en la UCEL en Seminario de microrrelato.
http://lasnuevemusas.com/author/beatriz-fiotto/
   
  María Victoria Fabre, nacida en 1968, argentina, es Lic. en Psicología y Maestra de Artes Visuales.Orientada a la  pintura realizó exposiciones colectivas e individuales en EMBA Quilmes y Colegio de Psicólogos Distrito XII Buenos Aires.  Publicó ensayos  breves sobre temáticas ligadas al ejercicio de la psicología en compilaciones publicadas en Editorial Letra Viva. Realizó colaboraciones en poesía para la Revista Monolito y de ensayo para Revista Jus.