lunes, 6 de abril de 2015

La escritura del cuerpo en Hélène Cixous

Frida Kahlo - Raíces 1943



"Yo escribo como la niña que aprende a caminar:
ella se precipita, más rápido que ella misma,
como si el secreto de caminar estuviese delante de ella"
H.C.

                 Entre la mujer y la escritura: el cuerpo. Ese “entre” que, lugar, se construye con la palabra. Y la escritura como esa palabra retenida, captada y resignificada, multiplicada para dar cuerpo.

              Ser dicta, ser dicha, enunciar-se desde un cuerpo que transita experiencias que se vuelcan en palabras. El sueño, la angustia, el dolor, el placer: escrituras “viscerales”, cerca del instinto como aquello que da un saber que no pasa por una conciencia empobrecedora que restringe y limita.  Y encuentra la palabra como experimentación, como configuración que despliega.

                Hélène Cixous piensa pero sobre todo siente,  pasa por el cuerpo las palabras, la escritura, el impulso físico de la escritura que involucra ojos, mano, garganta, que repercute y resuena en cada parte del cuerpo.  Sin ser ajena, por ello, a convocar el entendimiento, a comprometer la razón que por una herencia antigua separamos del cuerpo. Se repiensa, reconstruye y experimenta desde la palabra que brota del cuerpo-rio. Metáfora que fluye a una identificación de lo femenino con el agua, con el fluir, con el movimiento: con la vida.



Algunas citas de “la llegada a la escritura” :

                  Escribir: para no dejarle el lugar al muerto, para hacer retroceder al olvido, para no dejarse sorprender jamás por el abismo. Para no resignarse ni consolarse nunca, para no volverse nunca hacia la pared en la cama y dormirse como si nada hubiera pasado...

Mi escritura mira. Con los ojos cerrados.

               ...tal vez he escrito para ver;  para tener lo que nunca hubiera tenido; para que tener no fuese privilegio de la mano que toma y aprieta; la garganta, el estómago. Sino de la mano que señala con el dedo, con dedos que ven, que dibujan, con puntas de dedos que hacen sus trazos bajo el dulce dictado de la visión...

...escribir para tocar letras, labios, soplo, para acariciar con la lengua

                   A veces pienso que empecé a escribir para dar lugar a la pregunta errante que me asedia el alma y me tritura y me taja el cuerpo; para darle suelo y tiempo; para desviar su filo de mi carne; para dar, buscar, llamar, tocar, traer al mundo un nuevo ser que no me ate, que no me expulse, que no perezca de estrechez.

...la carne es la escritura, y la escritura no está leída jamás: está siempre aún por leer, por estudiar, por buscar, por inventar.

                Un cuerpo es siempre sustancia de inscripción, la carne escribe y es dada a leer; y a escribir

...escribir es un gesto del amor...

              En la Escritura el Amor abre el cuerpo sin el cual la Escritura se marchita. En el amor la letra se hace carne amada leída, multiplicada en todos los cuerpos y textos que el amor porta y espera del amor.

Texto: no el rodeo sino la carne en trabajo de amor

               Si escribes mujer, escribes para dar al cuerpo sus Libros de Futuro porque el Amor te dicta tus nuevas génesis. No para llenar el abismo, sino para amarte hasta el fondo de tus abismos. Para conocer, no para evitar. No para superar; para explorar, penetrar, visitar. Donde tú escribes, eso crece, tu cuerpo se despliega, tu piel cuenta sus leyendas hasta ahora mudas.

           Escribir: primero soy tocada, acariciada, lastimada, después busco descubrir el secreto de ese tocamiento para extenderlo, celebrarlo y transformarlo en una caricia distinta.

La vida hace texto a partir de mi cuerpo
el conjunto de lo real trabajado en mi carne.

Continuidad, abundancia, deriva, ¿es esto específicamente femenino? Así lo creo.

                Hundirse en la propia noche, tener con lo que sale de mi cuerpo la misma relación que con el mar, aceptar la angustia de la sumersión. Hacer cuerpo con el río hasta los rápidos  más bien que con la barca, exponerse a este peligro, es un goce femenino.

...lo que quiere fluir es soplo...


                                                                Beatriz Fiotto 

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